La arte de la música y de los sonidos que la hacen, el Fado es la imagen con que se muestra y nos fascina. Poderosa inmanencia de un colectivo, la historia del Fado es tan bien la historia de todos aquellos que lo recriaran y celebran en otros dominios de la creación artística.

En el teatro marcó presencia desde 1870, encantando sucesivas generaciones de actores, directores y productores teatrales, que temprano contribuirán para su diseminación cerca de los públicos cada vez más alargados. Con el cine mantuvo un dialogo antiguo y cómplice, desde la época matricial del cine mudo de las primeras décadas del siglo XX hasta la producción contemporánea.

En las artes visuales portuguesas, el Fado constituí objeto de fascinación e inagotable citación por sucesivas generaciones de artistas, en el  cuadro de distintas  disciplinas, motivaciones y restricciones estéticas, ideológicas o simbólicas. Fruto de su consagración gradual cerca  de otros públicos, la representación plástica del Fado ha sucedido en el cuadro de una amplia versatilidad artística, copilando un voluminoso y multifacético corpus artístico de representaciones del tema. De hecho, si las artes plásticas acompañaran el debate ideológico alrededor del Fado- que se prolongó hasta el último cuartel del siglo XX- su contribución fue inequívoca para el reconocimiento de su lugar de absoluta centralidad, en nuestra matriz cultural.

Obra-prima de un colectivo, ars populi, que continuamente nos remete para un espacio de emoción compartida, topos ineludibles de nuestro imaginario identificándonos entre nosotros y delante de otros a lo largo de casi dos siglos de Fado diseñado una ruta de suceso y consagración construido en permanente dialogo con las artes visuales.

Sara Pereira– Directora Museu do Fado

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